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Una introducción a la psicología budista.
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La Rueda de la Vida es la respuesta que el budismo lleva más de dos mil años construyendo. Es una herramienta pedagógica, un mapa del territorio interno que recorremos cuando buscamos la felicidad afuera de nosotros mismos.
El punto de partida es este: nuestra naturaleza más íntima es apertura, amplitud y creatividad. Pero fuimos introducidos, desde muy pequeños, a buscar esa plenitud en el exterior, en el reconocimiento, en los objetos, en las personas. A esa falta de visión de quiénes somos en nuestra esencia el budismo llama Avidyā, el primer eslabón de la rueda y el más importante.
Ese proceso de moldeamiento es lo que el budismo llama Samskaras, el segundo eslabón: las marcas que recibimos sin elegirlas, semillas plantadas por quienes tampoco las eligieron. Esas marcas son vivas, tienen energía, y con el tiempo se convierten en el cuerpo. Eso es Namarupa, el cuarto eslabón. Y ese cuerpo percibe el mundo a través de los seis sentidos, lo que el budismo llama Shadayatana, el quinto eslabón: la casa con seis ventanas a través de la cual miramos todo.
A partir de ahí, la rueda describe seis estados emocionales que habitamos cuando buscamos afuera lo que solo existe adentro. El deslumbramiento, que es el estado más peligroso precisamente porque parece felicidad. La comparación, que nos mantiene en un estado permanente de evaluación y estrategia. El apego, que quiere sujetar lo que por naturaleza fluye. El entorpecimiento, que busca alivio en el placer sensorial. La carencia, que demanda sin poder saciarse. Y la rabia, que es hija del apego y quiere destruir lo que no puede controlar.
Maharaj, el Gran Señor, es el tiempo. Dice: puedes fijarte todo lo que quieras, pero la rueda va a girar. No va a tener piedad.
La buena noticia es esta: el sufrimiento es construido. Y lo que es construido puede transformarse si transformamos sus causas.
Jabalí — la mente que se identificó con los patrones que copió y los tomó como identidad. Emperrada, clavada, convencida de que lo aprendido es lo verdadero.
Gallo — la acción incesante de afirmar esa identidad. Cantar, anunciarse, repetir el mismo movimiento para sostenerse.
Serpiente — el mecanismo de defensa que protege todo eso de cualquier cuestionamiento. Tú no sabes lo que yo pasé. La mente que se identifica, actúa y se cierra en círculo.
Reino de los Dioses Estado de deslumbramiento: todo parece funcionar, todo parece haber llegado. La peligrosidad de este estado está en su propia comodidad, porque la mente que está en la cima no quiere moverse y pierde la capacidad de ver lo que viene.
Reino de los Semidioses Cuando el deslumbramiento oscila, aparece la comparación. El otro tiene más, llegó antes, consigue lo que yo quiero. La mirada se vuelve evaluativa y competitiva, y los celos se instalan como una forma permanente de relacionarse con el mundo.
Reino Humano El territorio del apego propiamente dicho: la posesión, la idea de que retener trae felicidad. Los cuerpos funcionan como ventosas, enganchándose a personas, trabajos e identidades con la convicción de que la permanencia equivale al bienestar.
Reino Animal Después de tanto esfuerzo y tanta frustración, la mente busca descansar en lo conocido. El entumecimiento, el confort automático, el placer fácil como remedio al agotamiento de la rueda.
Seres Hambrientos La carencia: el deseo que no encuentra satisfacción posible, la demanda que no reconoce respuesta. El vaso con agujero al que puedes ponerle agua del mundo entero.
Reino de los Infiernos La rabia, la culpa, la destrucción. El cuerpo que colapsa en reactividad cuando la vida no fue como esperabas, y la única salida que la mente conoce es culpar afuera o destruirse adentro.
La figura que sostiene la rueda con sus colmillos representa la inevitabilidad del ciclo mientras la mente busque la felicidad afuera. Es la mecánica misma de lo que ocurre cuando vivimos desde el personaje construido en lugar de desde la experiencia que siempre estuvo debajo.
Estos seis estados son estructuras internalizadas, patrones copiados de personas que también los copiaron. El niño come lo que le dan, y eso queda grabado en el cuerpo como si fuera verdad. La rueda gira porque aprendimos que girara, y sigue girando hasta que reconocemos el movimiento.
Un diagnóstico preciso es el primer paso hacia algo diferente.
Jabalí — la mente que se identificó con los patrones que copió y los tomó como identidad. Emperrada, clavada, convencida de que lo aprendido es lo verdadero.
Gallo — la acción incesante de afirmar esa identidad. Cantar, anunciarse, repetir el mismo movimiento para sostenerse.
Serpiente — el mecanismo de defensa que protege todo eso de cualquier cuestionamiento. Tú no sabes lo que yo pasé. La mente que se identifica, actúa y se cierra en círculo.
Reino de los Dioses Estado de deslumbramiento: todo parece funcionar, todo parece haber llegado. La peligrosidad de este estado está en su propia comodidad, porque la mente que está en la cima no quiere moverse y pierde la capacidad de ver lo que viene.
Reino de los Semidioses Cuando el deslumbramiento oscila, aparece la comparación. El otro tiene más, llegó antes, consigue lo que yo quiero. La mirada se vuelve evaluativa y competitiva, y los celos se instalan como una forma permanente de relacionarse con el mundo.
Reino Humano El territorio del apego propiamente dicho: la posesión, la idea de que retener trae felicidad. Los cuerpos funcionan como ventosas, enganchándose a personas, trabajos e identidades con la convicción de que la permanencia equivale al bienestar.
Reino Animal Después de tanto esfuerzo y tanta frustración, la mente busca descansar en lo conocido. El entumecimiento, el confort automático, el placer fácil como remedio al agotamiento de la rueda.
Seres Hambrientos La carencia: el deseo que no encuentra satisfacción posible, la demanda que no reconoce respuesta. El vaso con agujero al que puedes ponerle agua del mundo entero.
Reino de los Infiernos La rabia, la culpa, la destrucción. El cuerpo que colapsa en reactividad cuando la vida no fue como esperabas, y la única salida que la mente conoce es culpar afuera o destruirse adentro.
La figura que sostiene la rueda con sus colmillos representa la inevitabilidad del ciclo mientras la mente busque la felicidad afuera. Es la mecánica misma de lo que ocurre cuando vivimos desde el personaje construido en lugar de desde la experiencia que siempre estuvo debajo.
Estos seis estados son estructuras internalizadas, patrones copiados de personas que también los copiaron. El niño come lo que le dan, y eso queda grabado en el cuerpo como si fuera verdad. La rueda gira porque aprendimos que girara, y sigue girando hasta que reconocemos el movimiento.
Un diagnóstico preciso es el primer paso hacia algo diferente.